EN LA IGLESIA DE FRANCISCO LAS MUJERES ENSEÑAN LA FE

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El 8 de marzo celebramos el Día de la Mujer: aquí algunas de las más hermosas reflexiones del Santo Padre sobre la importancia de las mujeres

Hoy 8 de marzo se celebra el “Día Internacional de la Mujer”. No es una fiesta religiosa pero Francisco siempre ha mostrado una preferencia y un gran respeto por las figuras femeninas de su vida. Por su amada abuela Rosa y su madre, Regina.

La Iglesia para Francisco es mujer (“La Iglesia” – repitió varias veces – “no es el Iglesia”), esposa y madre. Además suele recurrir a imágenes de mujeres para hablar del amor del Señor: “Dios está cerca de nosotros como una madre que habla con su niño”.

Las mujeres en la historia de Bergoglio son maestras de la fe. Es en la dedicación a la familia de su madre Regina, siempre detrás de sus cinco hijos, en la que Francisco ve “la lucha diaria” para llevar adelante la casa. Y es en el “sí” de María donde encuentra el camino indicado por el Señor.

Están las dos catequistas, ambas llamadas Alicia; y la hermana Dolores, con las que el Papa ha estado vinculado durante toda su vida. Ellas lo prepararon en el camino hacia la comunión, “la monja me acercó a Jesús”.

Vemos entonces que la historia de Bergoglio está salpicada modelos de la santidad, de gente sencilla capaz de ofrecer el testimonio de la vida cristiana, como María Concepción Minuto, la amiga que ayudaba a su madre a lavar la ropa. El Papa aún hoy lleva la medalla del Sagrado Corazón que ella le dio en su lecho de muerte.

 

El primer Ángelus del Papa, 7 de marzo 2013

“Recuerdo que, en 1992, llegó a Buenos Aires la Virgen de Fátima y se hizo una gran misa. Fui a confesar a aquella misa. Y al final me levanté porque tenía que administrar una confirmación. Vino hacia mí una mujer anciana. Le dije: ‘Abuela – porque allí llamamos así a los ancianos- ¿se quiere confesar?’ ‘Sí’, me dijo. ‘Pero si usted no ha pecado…’. Y ella me dijo: ‘Todos tenemos pecados’. ‘Pero, quizás el Señor no la perdona’. ‘El Señor perdona todo’, me dijo, segura. ‘Pero, ¿cómo lo sabe usted, señora?’ ‘Si el Señor no perdonase todo, el mundo no existiría’. Me entraron ganas de preguntarle: ‘Dígame, señora, usted ha estudiado en la Gregoriana?’. Porque esa es la sabiduría que da el Espíritu Santo: sabiduría interior de la misericordia de Dios”.

 

Entrevista con “La Civiltà Cattolica”, 18 de septiembre 2013

“A menudo asocio la santidad con la paciencia: hacerse cargo de los acontecimientos de la vida, pero con la perseverancia de ir siempre hacia adelante, día a día. Esta era la santidad de mis progenitores: mi padre, mi madre y mi abuela Rosa que me hicieron tanto bien. En mi breviario tengo el testamento de mi abuela Rosa, que para mí es como una plegaria y lo leo a menudo. Ella fue una santa que sufrió mucho, incluso moralmente pero siempre fue hacia adelante con valentía”.

Visita pastoral a San José all’Aurelio, 14 de diciembre 2014

“Para (La Comunión) me preparó durante un año una monja muy buena que se llamaba Dolores. Ella me enseñó el catecismo junto a las dos catequistas. Ambas se llamaban Alicia. Me enseñaron que no debía olvidar ese día: el primero en que Jesús vino a mí. Él se convierte en uno con nosotros, se convierte en nuestro alimento. Cuando la monja que me preparó murió, fui allí, me quedé junto a sus restos y recé mucho, porque esa hermana me acercó a Jesús”.

 

Homilía en la Misa en la Casa Santa Marta, 26 de enero 2015

“Viene un pensamiento a mi mente. ¿Por qué son principalmente las mujeres las que transmiten la fe? Simplemente porque quien nos trajo a Jesús fue una mujer. Es el camino escogido por Jesús, que quiso tener una madre: el don de la fe pasa por las mujeres, como Jesús a través de María”.

 

 

Benedetta Capelli

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