“DIOS ME SUSURRÓ MI VOCACIÓN CAMINO A UNA FINCA”

Padre Carlos
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EL PADRE CARLOS PEÑA, ACTUAL DIRECTOR DEL INSTITUTO NACIONAL DE PASTORALES DE SANTO DOMINGO, NOS HABLA

Carlos Arturo Guisarre

El padre Carlos Peña es el director del Instituto Nacional de Pastorales de Santo Domingo, República Dominicana, un organismo de la Conferencia del Episcopado Dominicano (CED) para la organización de las diferentes pastorales en el país, tales como la Pastoral Familiar, la Pastoral Social, la Pastoral de la Salud, la Pastoral Juvenil, la Pastoral de Adolescentes. Sin embargo, su fe y su vocación de servicio hacia Dios y sus semejantes se desarrollaron de manera paulatina con los años.

Todo empieza, cuenta el sacerdote, en su hogar. Cuando inicia el relato de su formación espiritual, parte del hecho de que nació en el seno de una familia de amplias tradicionales católicas. “Vengo de una madre que me educó en la fe, antes de dormir había que orar: ‘Ave María Purísima sin Pecado Concebida’, además nos persignaba antes de irnos a dormir”, contó Peña.

“Una vez, mientras era adolescente, de camino a la finca de mi padre, iba orando, todo el camino. Oraba el Padre Nuestro, el Ave María y sentía algo fuera de serie, que me pregunté por qué yo tenía que ir rezando si observaba que los que iban conmigo no iban rezando. Para colocar la situación en contexto, eran las cinco de la mañana, en un lugar en medio del campo. Allí experimenté por primera vez que era a mí que el Señor me quería. Lo escuchaba decir: oye, es a ti que te quiero y en ese preciso momento nació mi inquietud sacerdotal”, expresó el sacerdote, que ejerce su vocación en la Provincia Puerto Plata.

En búsqueda de completar los requerimientos para profesionalizarse en la labor del sacerdocio, Peña emprendió las jornadas vocacionales.

“Superé con la ayuda de Dios esa etapa en mi formación sacerdotal y, por fin, en 1984, entré al Seminario San Pío X, en la comunidad de Licey al Medio, en Santiago de los Caballeros, al norte de República Dominicana. Allí hice el cuarto año de bachillerato y luego me fui a la Provincia La Vega, para cursar la prefilosofía en el Seminario Santo Cura de Ars”, relató.

En el Seminario Santo Cura de Ars, Peña tuvo un año más de formación, para así pasar al Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino, donde estuvo cuatro años en el curso de su carrera de filosofía, para al final ser enviado al Seminario San Pío X otra vez, pero en esa segunda ocasión para hacer las labores de maestro, trabajo que desempeñó por un período de un año.

Viajó a Florencia, Italia, donde se unió al Movimiento de los Focolares, una entidad que data de 1943 y que en plena Segunda Guerra Mundial empezó con el planteamiento de seguir uno de los mandamientos de Jesús, que todos sean uno, “como el Padre y yo somos uno”. Puso en práctica el Evangelio en Florencia, donde practicó junto a sus compañeros focolares el amor recíproco.

Una vez que terminó su jornada en Florencia, regresó a República Dominicana para estudiar teología y es así como llega al momento de su ordenación como sacerdote, el 21 de diciembre de 1996, es decir, habían pasado 19 años.

“Mi primera misión como sacerdote fue desempeñar funciones de vicario. El vicario es el que ayuda al párroco en la iglesia. Me tocó hacerlo en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima, de El Ejido, Santiago de los Caballeros. En esa congregación estuve por un año”, manifestó el sacerdote.

Una vez concluyó su misión en El Ejido, se dirigió a la Parroquia Espíritu Santo, el cual recibió la encomienda de ser administrador parroquial, donde estuvo dos años comprobando de primera mano que una iglesia funciona con los mismos niveles de profesionalidad que una empresa.

Pasó a ser consejero de la Pastoral Juvenil en la Provincia Puerto Plata. Así las cosas, dos años después, fue enviado a Barcelona, en España, con el propósito de recibir una preparación en teología y liturgia.

Al regresar de Barcelona, lo enviaron a la Parroquia José Obrero de Altamira, en esa comunidad maravillosa me ha mantenido Dios desde entonces.

Luego de terminar con su trabajo de Vicario de Pastorales en la Diócesis de Puerto Plata, la CED valora su experiencia y sus altos estudios en materia teológica, para en junio de 2014, nombrarlo director del Instituto Nacional de Pastorales. Viaja desde Altamira, Puerto Plata, cada martes y miércoles a cumplir con su responsabilidad de cara a la pastoral.

La vida moderna, según el concepto de Peña, trae retos para el Evangelio y la propagación del mensaje de Jesús. “La secularización, ante todo está permeando la sociedad, las personas le están dando la espalda a Dios y piensan que pueden vivir una vida autosuficiente”, agregó.

No obstante, entiende que a través de las pastorales sociales, que conjugan principios socio-espirituales capaces de allanar el mensaje de la fe, en especial en una población que necesita de la esperanza que el Señor brinda.

 

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