LLEGA EL TIEMPO DE LA CUARESMA: ESTAS SON LAS REGLAS

shutterstock_346701572
0 Comentarios 382 Visitas

Con la procesión penitencial del 10 de febrero (Miércoles de Ceniza) comienza la larga aproximación al tiempo de Pascua

El miércoles 10 de febrero por la tarde el Papa se trasladará de la basílica romana de San Francisco Anselmo a la de Santa Sabina. Ambas están a unos 200 metros de distancia una de la otra: son unos pocos minutos de procesión que marcan, sin embargo, un momento crucial en el calendario de los fieles.

Con la celebración de la Misa y de la imposición de las cenizas comienza el tiempo de la Cuaresma, es decir, los cuarenta días que nos acompañan a las puertas de la Misa de Pascua y concluirán con la Cena del Señor el Jueves Santo, el 24 de marzo.

Los lectores menos jóvenes probablemente recuerden que estos días (“Cuaresma” del latín quadragesima dies, cuarenta días) eran para realizar grandes “sacrificios”. Por otra parte, nos recuerdan los días de la retirada y ayuno de Cristo en el desierto, en su dura lucha contra las tentaciones de Satanás.

Cuaresma, por lo tanto, era un camino de estricta penitencia, que comenzaba el Miércoles de Ceniza y terminaba con la absolución el Jueves Santo.

El rito de la ceniza se llama así porque durante la celebración el sacerdote pone un poco de cenizas benditas en las cabezas de los fieles. Por supuesto que no es cualquier ceniza sino la que se produce de la quema de las ramas de olivo bendecidas en el Domingo de Ramos del año anterior.

“RECUERDA: POLVO ERES Y AL POLVO…”

El gesto de la colocación de las cenizas es acompañado por una de las dos fórmulas: “Polvo eres y al polvo volverás” o “Conviértete y cree en el Evangelio”. Estas palabras definen el sentido del ritual, que es recordar la fugacidad de la vida terrenal, superada sólo por el alma inmortal que el Señor nos ha dado e invitar a los fieles al arrepentimiento y a la conversión.

El arrepentimiento era acompañado por ciertas reglas de conducta, que hace un tiempo eran quizá más sentidas y, tal vez, incluso temidas; las que hoy en día, por cierto, no han sido abolidas.

Para el miércoles de ceniza están previstos el ayuno y la abstinencia de carne, también establecidos para el Viernes Santo, el día en que Jesús murió.

“Ayuno” no significa “no comer”. Es la obligación establecida para todos los fieles de entre 18 y 60 años (excepto en caso de enfermedad) de hacer una solo comida en el día y no consumir carne. También impone a los fieles de entre 14 y 60 años en buen estado de salud no consumir nada de carne (roja y blanca) ni alimentos caros o sofisticados. Son permitidos el pescado, los huevos y los productos lácteos.

UN MENÚ SIMPLE TODOS LOS VIERNES

La abstinencia se debe seguir todos los viernes durante la Cuaresma y ​​todos los viernes del año, a menos que coincidan con las fiestas de precepto, en cuyo caso se puede reemplazar la abstinencia con otras obras de penitencia, oración y caridad.

Todas las prescripciones, por cierto, son importantes. Sin embargo, lo que siempre hay que recordar es que la Cuaresma es un tiempo en que los cristianos tienen, más que en cualquier otro, cultivar un estilo de vida marcado por la sobriedad y la apertura hacia los demás.

No en vano, la Conferencia Episcopal Italiana (el conjunto de todos los obispos) en sus “reglamentos” de 1994 también invitó a moderar el gasto en alimentos, tabaco y alcohol; los gastos en las fiestas populares (especialmente en las religiosas), en el trabajo frenético que no deja tiempo para la reflexión y la oración; en el consumo excesivo de televisión y otros medios de comunicación que pueden ser adictivos y dificultar, o incluso impedir, la reflexión personal y el diálogo en la familia.

Si es vivida con una actitud conscientemente penitente, la Cuaresma se convierte como escribió Francisco en su mensaje del año pasado en, “un tiempo de renovación para la Iglesia, la comunidad y cada uno de los fieles”, pero, “sobre todo, un tiempo de gracia “y de dedicación a los demás; porque, dice el Papa, cuando “somos buenos y nos sentimos cómodos nos olvidamos de los otros” y esta “indiferencia hacia los demás y a Dios es una verdadera tentación para nosotros, los cristianos”.

¿Cómo evitarla? “En primer lugar, podemos orar en comunión con la Iglesia terrenal y celestial. No descuidemos el poder de la oración colectiva”. Entonces “podremos ayudar con actos de caridad, para permitir llegar a más prójimos que ahora a las numerosas organizaciones caritativas de la Iglesia”. Para Francisco este “es un momento propicio para mostrar interés en el otro con un gesto, aunque sea pequeño, pero real, de nuestra participación en la humanidad común”.

Porque no hay que olvidar que “Dios no nos pide nada que antes no nos ha dado”, de ahí que “la Cuaresma es un tiempo propicio para servir a Cristo y así llegar a ser como Él”. Conviértete en el cuerpo de Cristo en el que “la indiferencia que tan a menudo parece apoderarse de nuestros corazones no tenga un lugar”.

Tiziana Lupi

Febrero, 2016

(MÁS DETALLES en nuestra edición impresa de FEBRERO. A la venta en los principales supermercados del país).

 

×

Comments are closed.