CÓMO DEBE SER LA FAMILIA SEGÚN EL PAPA

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Cada año el Papa recibe en la Sala Clementina del Palacio Apostólico a los jueces y funcionarios del Tribunal de la Rota Romana (antes Sacra Rota). Es la instancia de apelación de la Santa Sede y el Estado de la Ciudad del Vaticano. Contrariamente a la creencia popular, los 22 jueces de la Rota (llamados Prelados), encabezados por su decano, monseñor Vito Pinto (al que se suman nueve eméritos) no juzgan sólo de los temas de matrimonio sino todos los casos canónicos (desde nulidades sacerdotales hasta la práctica sacramental) que le llegan en segunda y tercera instancia.

Sin embargo, el discurso de Francisco este año se ha centrado casi exclusivamente en el tema del matrimonio, a la luz del proceso de reformas para la declaración de nulidad del matrimonio lanzado el pasado 15 de agosto con el “motu proprio” Mitis Iudex Dominus Iesus y el reciente Sínodo. La del Papa fue una reflexión articulada sobre el valor de la familia. Una especie de síntesis de su pensamiento y de su enseñanza sobre el tema preparada hace un tiempo.

Sus palabras fueron dirigidas a todo el mundo, un mensaje útil para entender las enseñanzas de Francisco y de la Iglesia de hoy sobre la familia.

A la luz de las discusiones que tuvieron lugar en los dos Sínodos de los Obispos sobre la familia, el Papa reafirmó enfáticamente que “no puede haber confusión entre la familia querida por Dios y todo otro tipo de unión”.

Es un claro rechazo a la equiparación de las uniones civiles con el matrimonio. Francisco también le dijo no al matrimonio gay: “La familia, fundada en el matrimonio indisoluble, unitivo y procreativo, pertenece al ‘sueño’ de Dios y de su Iglesia para la salvación de la humanidad. Por lo tanto sólo hay un modelo de familia para la Iglesia Católica: la que existe entre un hombre y una mujer fundada en el matrimonio considerado indisoluble y abierto a los niños”.

Sin embargo, el Papa añadió: “la Iglesia sigue proponiendo matrimonio con sus elementos esenciales: descendencia, bien de la pareja, unidad e indisolubilidad sacramental; no como ideal para unos pocos, a pesar de los modelos modernos centrados en lo efímero y lo transitorio, sino como una realidad que, en la gracia de Cristo, puede ser experimentada por todos los fieles bautizados”.

Bergoglio citó al Beato Pablo VI explicando que “a través del matrimonio y de la familia Dios ha combinado hábilmente dos de las realidades más humanas: la misión de transmitir la vida y el amor mutuo y legítimo entre el hombre y la mujer, por lo que están destinados a complementarse en una donación recíproca, no sólo física sino también espiritual.

Para decirlo mejor: Dios quiso hacer participar a los esposos de Su amor, el amor personal que Él tiene para cada uno de ellos y por el que los llama a ayudarse mutuamente y darse el uno al otro para llegar a la plenitud de su vida personal”.

El Papa subraya el concepto de “iglesia doméstica”: “La Iglesia aplica correctamente al título de la familia de Dios Por tanto, el ‘Espíritu de familia’ es una constitución para la Iglesia: así que el cristianismo tiene que aparecer, y así debe ser”.

Está escrito con mucha claridad: “Vosotros que en otro tiempo estabais lejos – dice San Pablo – […] ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. La Iglesia es y debe ser la familia de Dios”.

A la luz de estas reflexiones, el Papa invita a evaluar cuidadosa y prudentemente la nulidad del matrimonio. En particular, la falta de fe de uno de los cónyuges, así como que “el error acerca de la unidad, la indisolubilidad y la dignidad sacramental del matrimonio” no pueden considerarse por sí mismas condiciones de nulidad, a menos que determinen “la voluntad” de uno los cónyuges. Así que no hay un “divorcio rápido” para la Iglesia Católica: el Papa invita a ser cautelosos antes de la disolución del vínculo matrimonial. Francisco recomienda un adecuado proceso de preparación para la boda. No sólo las tres o cuatro reuniones en la parroquia.

La preparación para el sacramento del matrimonio se ha convertido en una especie de “catecumenado” (Así se conoce a la preparación para el bautismo de adultos). La única forma de evitar errores y, sobre todo, les dará a la novia y al novio más fuerza para afrontar los retos y las dificultades de su unión.

Ignazio Ingrao

01 febrero, 2016

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