Una gran emoción la envolvió

Sede del Papa. Así luce la entrada a Ciudad del Vaticano.
0 Comentarios 386 Visitas

ALICIA JACOBO NO HA VIVIDO NADA MÁS GRATIFICANTE COMO ESCUCHAR LA MISA EN LA BASÍLICA DE SAN PEDRO

Karina Cedillos

Alicia Jacobo tuvo la dicha de ir a la Ciudad del Vaticano en julio de 2014, en compañía de su madre y como regalo de su 21 cumpleaños. Esta joven considera que dos o tres días no son suficientes para conocer este lugar lleno de espiritualidad y enseñanzas para el alma.

“Fue una experiencia extraordinaria y llena de paz. Habíamos reservado un hotel que quedaba justo a un lado del Vaticano para hospedarnos de martes a domingo en Roma. Estaba eufórica. Lo primero que vi detenidamente fue la Plaza de San Pedro. Observé, me persigné y le di gracias a Dios porque llegué con bien, después de un largo viaje desde El Salvador, Suiza e Italia. En ese momento importa poco el cansancio, el hambre o la sed. El Vaticano es una joya que hay que ver detenidamente”, narra.

La Santa Misa

El papa Francisco, para esa fecha, estaba de visita pastoral en Sudamérica, así que esta joven y su madre no pudieron verlo, lastimosamente. Eso sí, tuvieron la gran oportunidad de escuchar Misa en la Basílica de San Pedro.

“Muchas veces nos olvidamos que vamos a una iglesia y no cuidamos nuestra forma de vestir, vocabulario, celulares, etc. En el Vaticano te exigen todo eso y más. Desde el momento que haces fila (de 300 personas, mínimo), pasas por un dispositivo de seguridad, dejando en guardarropa comida y bebidas, bolsos grandes, paraguas o trípodes. Además, te exigen un vestuario  con decoro, no minifaldas, vestidos, gorras, o blusas sin mangas”, cuenta la muchacha.

Alicia aprendió, no solo el profundo respeto a Dios y a la Iglesia, sino también que en Roma todas las personas son amables. “Ellos aman a los extranjeros y hacen todo lo posible para que nos sintamos bien en el lugar. Logran adaptarse a los idiomas aunque no lo conozcan; se ofrecen a tomar fotos, cantan, guían, regalan cualquier cosa que uno necesita y se hacen amigos tuyos”.

Lo que más le impactó, aparte de estar en la Plaza de San Pedro y la Basílica, fue el Coliseo Romano. “Después del Vaticano es una de las obras arquitectónicas más famosas  y una de las siete maravillas del mundo y siendo del año 70 aún mantiene ese estilo de la época”.

Para ir al Vaticano, según recomienda esta salvadoreña es importante llevar un corazón abierto y lo mejor: esto no ocupa espacio en la maleta… “Lleven toda la disposición de perdonar  y rezar, ya que se va a una ciudad sagrada. Roma es un lugar tan santo, que estoy segura de que pueden suceder milagros, ya que Dios está presente en ese lugar”.

 

NOTA AL PIE:

El Coliseo es un anfiteatro de la época del Imperio Romano, construido en el siglo I y ubicado en el centro de la ciudad de Roma. Originalmente era denominado Anfiteatro Flavio, en honor a uno de los emperadores que lo construyó, pasó a llamarse Coliseo por una gran estatua que había cerca, el Coloso de Nerón.

 

×

Comments are closed.