NUNCA OLVIDARÉ EL CONTACTO DE LA MANO DE JUAN PABLO II SOBRE MÍ

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TODAS LAS EXPERIENCIAS EN EL VATICANO SON EMOTIVAS, SIGNIFICATIVAS Y ENSEÑAN A CAMINAR POR LOS SENDEROS DEL SEÑOR JESUCRISTO

 

Boris Ríos

En octubre de 1990, Carmen Cecilia Capriles, gerente general en la compañía Mundo Aéreo, tuvo una de las experiencias más cautivadoras e inolvidables en su vida, su primer contacto con el Santo Padre, Karol Józef Wojtyła, conocido como Juan Pablo II.

Cuenta que para esa fecha visitó la Ciudad del Vaticano junto a 14 personas más, donde tuvieron una audiencia con el Santo Padre.

“Para esa ocasión había comprado una Virgen de Fátima y llevaba conmigo una bandera de Panamá. Quería llevar el sentir y aprecio del pueblo panameño hasta Roma, Italia; sobre todo tomando en cuenta que el país recién estaba pasando las situaciones de conflicto político que se dieron en el territorio nacional”, relata Cecilia Capriles.

En aquella ocasión – relata – cuando el Papa Juan Pablo II bajó desde el área donde está el Aula Pablo VI o Sala Nervi no tenía idea de lo que se avecinaba. Estando ubicada en los primeros puestos, de un momento a otro sintió una avalancha de personas que querían saludar al Santo Padre cuando éste se acercó a la audiencia.

Nada sería más sorpresivo para ella, cuando el Papa Juan Pablo II besó su virgen, tocó la bandera panameña e impuso sus manos sobre su cabeza.

“Fue tan fuerte lo que él me transmitió que me desplomé. Caí sentada en la silla y las personas se preocuparon porque estaba prácticamente inconsciente. Parecía un desmayo pero no lo fue, más bien fue un ‘rayo’ de Jesús que entró en mí. Dado esto, el padre Teófilo Rodríguez, nuestro guía espiritual, dijo que no me molestaran que en algún momento tendría que levantarme y encontrarlos. Que yo no me iba a perder en Roma. Esa fue mi primera experiencia con Juan Pablo II”, relata con voz entrecortada y lágrimas, añorando aquél momento.

 

La Santidad del Papa

Hoy día, al recordarle lo describe como un hombre íntegro, muy fuerte y que transmitía una Santidad indescriptible.

Fueron cuatro veces las oportunidades que tuvo de estar al frente de Juan Pablo II. Otra de ellas fue en el año 1991, cuando volvió a Ciudad del Vaticano junto a 35 personas más y en compañía nuevamente del padre Teófilo Rodríguez y el padre Vicente Morgante.

“Para esa ocasión le llevamos una estola, él bendijo la Virgen de Fátima nuevamente y volvió a tocar nuestra bandera. Con esta acción sentí que Panamá quedaba protegida por el manto de la Virgen”, dice.

Pero quizás su tercer contacto con el Santo Padre fue la más curiosa de todas. Para ella sentir sus manos, su tacto, significó algo extraordinario e inexplicable. “En mi caminar con el Señor, nunca había percibid una Santidad tan fuerte como la que transmitía el Santo Padre Juan Pablo II”, destaca.

Aunque también tuvo la oportunidad de estar muy cerca del Papa emérito Benedicto XVI, confiesa que él tenía otro estilo, pero admite que en su período Papal fue un hombre que abrió grandes canales para la Iglesia Católica.

Al papa Francisco recién recientemente tuvo la oportunidad de verlo en la Plaza San Pedro pero no con la cercanía que tuvo con sus dos antecesores. “Cuando estuvimos en la Basílica de San Pedro, que fuimos acompañar al Monseñor Ulloa cuando le impusieron el Palio; el papa Francisco venía en su nave central, de repente hubo un silencio y yo grité con todas mis fuerzas: ¡Alabado sea Jesucristo! y él me volteó a mirar y respondió ¡Con María sea Alabado!

 

Emotividad y aprendizaje

Hace unos años tuvo la oportunidad de visitar la Necrópolis Vaticana. Confiesa que todas las experiencias en el Vaticano son emotivas, significativas y enseñan a caminar con el Señor. “Uno nunca deja de convertirse ni de maravillarse de las bondades del Señor Jesucristo”, dice.

Si de algo está convencida es que nunca olvidará el contacto de las manos de Juan Pablo II sobre ella. “Diría que fue una pequeña muestra de lo que vamos a recibir en el Reino de Dios”, destaca.

 

La Necrópolis Vaticana o Scavi Vaticani es una de las visitas más fascinantes que se pueden realizar en Roma. Se encuentra en el subsuelo de la Basílica de San Pedro y da acceso al lugar donde fue enterrado el Apóstol.

 

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