FUE VIVIR ALGO MARAVILLOSO

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STEPHANIE LEBRÓN RECUERDA SU TRAVESÍA POR ROMA Y LA SANTA SEDE COMO UNO DE LOS CAPÍTULOS MÁS AGRADABLES DE SU VIDA

  

Carlos Arturo Guisarre

Conocer lugares es una fuente invaluable de aprendizaje. Para Stephanie Lebrón, tener la oportunidad de conocer Roma, capital de Italia, y el Vaticano o la Santa Sede representa una satisfacción personal fundamentada en un deseo que albergó por años, de conocer el centro socio-político de la fe que con tanto entusiasmo predica.

“El haber conocido Roma y la Ciudad del Vaticano fue una experiencia sin igual, una verdadera bendición que vino de lo alto, del mismo Dios. Nunca había imaginado que mi sueño de conocer el Vaticano, ese lugar tan sagrado, se hiciera tan rápido realidad en mi vida, pero el Dios Todopoderoso siempre quiere bendecir a sus hijos obedientes y a mí me bendijo llevándome a la casa donde vive nuestro santo papa Francisco y donde han vivido tantos sucesores de san Pedro”, replica Lebrón.

Ella cuenta que sintió una inmensa alegría, una gran felicidad, algo difícil de explicar con palabras, fue vivir algo sumamente maravilloso. “Me llenó tanto el hecho de estar en la casa del papa Francisco, a quien respeto y admiro tanto, por su forma tan sencilla y humana de dirigir al pueblo de Dios, a los fieles a Nuestro Señor Jesucristo”, agrega la joven.

 

Vio al Papa Francisco

Lamenta que durante su visita al Vaticano no pudo ver ni escuchar al Papa Francisco, pero que la gracia de haberlo visto y de haber participado en misas y encuentros con él unos meses antes de su visita a Roma, en la Jornada Mundial de la Juventud Río 2013, le seguía llenando de la gracia de Dios y de la paz y humidad que el Papa inspira con sus palabras.

“Bueno, fue tanto el aprendizaje que recibí, ya que pude conocer la historia y tantas cosas que desconocía de ese hermoso lugar, del Vaticano. Mientras estuve allí, pude visitar atracciones conocidas y emblemáticas, tales como la Basílica de San Pedro, la Capilla Sixtina, los Museos Vaticanos, la Plaza de San Pedro, donde pude ver la Tumba de San Pedro, el Mausoleo de los Papas y pude observar los Jardines del Vaticano, éramos un grupo que fue dirigido por un guía turístico, el cual nos hablaba en inglés, a través de un micrófono y lo escuchábamos con audífonos. Fue algo fantástico, mientras veíamos con nuestros propios ojos todo lo que se presentaba, alguien con experiencia nos hacía entender el significado de todo lo que ocurría en torno a estas atracciones”, narra Lebrón.

 

Cruzó el Atlántico

Ahora bien, ¿cuál fue el impulso que recibió Stephanie Lebrón para cumplir con uno de sus sueños? La oportunidad tuvo lugar, con precisión, a través de un encuentro europeo que realiza de manera anual la Comunidad de Taizé, para ese año, en diciembre del 2013, el encuentro se realizó en Estrasburgo, capital del Departamento del Bajo Rin, ubicada al Este de Francia.

“Aprovechamos nuestra visita a Europa, que ya habíamos cruzado el Océano Atlántico, porque era imposible estar allí e irnos sin conocer la Ciudad del Vaticano; en ese entonces, tomamos esa decisión y visitamos Italia y otros países europeos que igual cuentan con una cantidad significativa de cultura e historia”, manifiesta Lebrón.

La protagonista de este relato se hizo acompañar a Francia de un grupo de jóvenes de la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil de la Conferencia del Episcopado Dominicana. Pero sólo una amiga, su esposo y ella decidieron emprender la aventura de conocer más lugares y países de Europa, entre ellos, Roma y el Vaticano.

 

La Capilla Sixtina

Cuando estuvo en el Vaticano su mayor impacto fue conocer uno de sus principales tesoros, la Capilla Sixtina, ella relata que quedó “realmente maravillada” al ver tantas obras de arte juntas, ver cómo se refleja en las pinturas el principio, o el contenido del libro de Génesis, y el fin, o el contenido del libro de Apocalipsis. También, “la manera en la que toda la Capilla Sixtina está cubierta, desde sus paredes hasta el techo, por hermosas obras pintadas por grandes artistas, entre ellos Miguel Ángel, fue algo realmente único y maravilloso que nunca voy a olvidar”.

Tampoco olvidará las bellezas arquitectónicas de Roma y la Ciudad del Vaticano, solo superadas por la hospitalidad de su gente, su historia milenaria y su variada gastronomía.

Es una fiel creyente católica, como tal, cree que los milagros ocurren en la Ciudad del Vaticano, y no solo ahí, sino, en cualquier lugar donde está Dios presente y donde hay personas de fe, entregadas y comprometidas de una manera sincera con él y con su Santa Iglesia. Los sueños, cuando se trabaja duro y con fe en Dios, se pueden realizar

 

 

* “Era imposible estar allí e irnos sin conocer la Ciudad del Vaticano, en ese entonces, tomamos esa decisión y visitamos Italia y otros países europeos que igual cuentan con una cantidad significativa de cultura e historia”.  

 

¡Inolvidable! Haber hecho este viaje fue una de las mejores decisiones de su vida.

Cultural y espiritual. Stephanie Lebrón quedó impresionada con los tesoros arquitectónicos de la Ciudad del Vaticano y de Roma.

 

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