Fue un morir y un crecer

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SACERDOTE NOS COMPARTE DE SU PUÑO Y LETRA LA EXPERIENCIA DE HABER VIVIDO EN ROMA, LA FAMOSA CIUDAD ETERNA

Pbro. Lic. Iván Narvik Garza Salinas

«”El hombre en camino” que sube el monte para contemplar la grandeza de Dios y su obra, acepta las adversidades para lograrlo y ya en la cumbre es autoconsciente de su templanza».

En el año de 2009 recibí una inesperada y sorprendente invitación a “tener una experiencia de Iglesia universal” a través del estudio de una especialidad académica en la ciudad de Roma en Italia. Así expresó el entonces arzobispo de Monterrey, don Francisco Cardenal Robles Ortega. Cuyo objetivo era no sólo ampliar nuestro conocimiento académico sino templar nuestra vocación ante la mística vaticana.

Muchos sentimientos encontrados se dejaron asomar ante este nuevo proyecto de vida: bendición, desafío, melancolía, entre otros.

Entre el cambio de horario, residencia, idioma y costumbres, mis incertidumbres se distraían ante la ilusión de ver por primera vez la sede del Vicario de Cristo: el Vaticano, ello sucedió cuando el Colegio Mexicano fue invitado a la audiencia del papa Benedicto XVI.

Pasar frente a la Basílica de San Pedro fue una experiencia remarcable en mi vida, la primera memoria que evoca ese acontecimiento es el brillo que emanaba su cúpula. Estaba seguro de que así era la grandeza de Dios que nos transmitía en cada momento, un brillo que debemos dejar resplandecer. Cada palabra que pronunciaba el Papa dejaba entre ver la fuerza del Espíritu Santo que se mueve en la obra que delegó a sus apóstoles.

 

Ampliando horizontes

Un cliché popular entre quienes han estudiado en Roma versa sobre la fe: “crecer o morir”. Estar en Italia amplió mis horizontes en muchos sentidos: entrar en una cultura diferente a la mía, sus costumbres y expresiones, mantenerme firme en mis convicciones pero estar abierto a nuevas experiencias. Sentirme parte de la gran Iglesia de Dios que es Una y es Católica (universal), experimentar la fraternidad sacerdotal más allá de los muros de mi diócesis, compartir experiencias de encuentro con Dios con gente de diferentes épocas y naciones, más aún, encontrarme con la experiencia de lo humano y redescubrir el privilegio que tiene el ser humano al ser llamado a la vida, definitivamente fue un “morir y crecer”, una vida nueva.

En resumen, mi experiencia en Roma es como una cena bohemia en el Trastevere rodeado del rumor italiano degustando lentamente el místico sabor de mi comida favorita, “spaghetti all´amatriciana” per condividere con gli amici. ¡Ciao Roma e buona fortuna!

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