LA SORPRESA DEL PAPA A LOS SIN TECHO

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BENEFICENCIA DEL SANTO PADRE

FRANCISCO LE LLEVA SU SONRISA Y SU FELICIDAD A LOS PRIMEROS 30 HUÉSPEDES DEL DORMITORIO

Benedetta Capelli

La oscuridad que cayó sobre Roma fue la socia ideal para la salida de Francisco hacia la Via dei Penitenzieri donde en octubre abrió el Dono di Misericordia, un dormitorio para 34 personas sin hogar que es su último regalo a los pobres de la ciudad.

Después de un largo día, Francisco subió al coche que lo esperaba fuera del Aula Pablo VI. Eran casi las 19 y las calles que rodean el Vaticano estaban despejadas, algunos turistas tomaban fotos de la Cúpula iluminada y el tráfico fluía lentamente. A los pocos minutos, el Papa ya estaba frente a la estructura donada por la jesuitas a la Limosnería Apostólica, que la restauró y modificó para hacerla más acogedora.

Los huéspedes, unos treinta en su mayoría italianos, no sabían de la llegada de Francisco y jugaban a las cartas después de cenar, ya habían rezado el rosario con las tres hermanas de la Madre Teresa de Calcuta que dirigen el dormitorio.

Francisco fue recibido por el Limosnero, monseñor Konrad Krajewski, el alma de esta estructura que demuestra el amor de las monjas y los voluntarios hacia quienes ahora tienen la posibilidad de ser rescatados.

“El dormitorio es un aliento para estas personas”, dijo el día después de la visita, “porque durante un mes pueden volver a una vida normal sin tener que preocuparse por la cena ni donde dormir y asearse. Es la ocasión para hacer un balance, para decidir si deben volver a su tierra, a su familia: es el momento en que pueden aprovechar una nueva oportunidad”.

“Cuando se tiene hambre y frío no se piensa en el futuro sino en la forma de llenar el estómago y esta casa le da esta posibilidad. Esa es la ayuda”, dice Don Conrrado (como le llaman cariñosamente), “el dormitorio no es algo bello a los ojos del mundo, pero sí para ellos, porque esta gente puede contar con el apoyo de muchos voluntarios, un ejército de personas de buena voluntad que siempre está disponible”.

Como es su estilo, Francisco saludó a los invitados uno por uno, intercambió pequeñas charlas expresando su cercanía de padre y dándoles las gracias. Luego recorrió las instalaciones, visitó la lavandería, los baños, la cocina y volvió a saludar, uno a uno, a los pobres, cada uno frente a su cama. Resalta Don Corrado: “El Papa fue impactado por estos 30 hombres que tal vez hasta hace unos días dormían bajo las estrellas, sobre los mármoles de la columnata de San Pedro y ahora les ofrecemos un ‘dos ​​estrellas’: un lugar digno y limpio. Es el hogar del Santo Padre”.

“Le dimos las gracias con aplausos, es todo lo que podemos dar”, dice Enzo, nacido hace 51 años en la Puglia, que después de dormir durante meses en las calles cercanas a San Pedro está ahora a cargo de las instalaciones.

Se arrodilló delante del Papa en agradecimiento por su visita. Carga en su historia muchos años de errores, miseria, dolor e incluso la cárcel, pero hoy es un hombre nuevo, gracias a Francisco. “Su saludo cuando fue elegido y su invitación a no perder la esperanza me llevaron a venir a Roma, para estar cerca de él, que vive en la zona del Vaticano. A menudo paraba cerca de las duchas y ahí conocí a Don Corrado”. Fue un encuentro que me despertó la fe y el deseo de participar. “Me puse a su disposición y trabajé en la renovación de la residencia pero sobretodo”, dice Enzo “sentí la confianza en mí y eso me dio las fuerzas para recomenzar. Yo solía pensar que la felicidad proviene de las cosas, por eso he robado, mientras que ahora sé que la verdadera alegría está en el amor de Jesús, un amor libre y verdadero”.

Una vez más, sus caricias a los muchos rostros sufrientes de Cristo han dejado una marca.

 

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