El pesebre y el árbol de Navidad están listos en San Pedro. Mientras tanto Francisco lanzó su enésimo llamado contra la corrupción

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“COMPARTAN TODO Y NUNCA PIDAN SOBORNOS”

En la plaza de San Pedro es el momento del pesebre y el árbol de navidad, cuyos preparativos se han completado antes del inicio del Jubileo de la Misericordia. Muchos acudieron a admirarlos en el pasado Ángelus del Papa, que comenzó con un leve retraso debido a que la Misa de Francisco en San Juan de Letrán, para la apertura de la Puerta Santa, duró más de lo esperado.

El Papa se concentró especialmente en los principales asuntos internacionales: la conferencia del clima en París, que acaba de terminar; y la de la Organización Internacional del Comercio que comenzó en Nairobi, Kenia, (país que acaba de visishutterstock_140583475tar) el martes 15 de diciembre.

Francisco, que es el Papa de los hechos y no de las palabras, definió como “histórico” el acuerdo alcanzado por los gobiernos sobre el clima y destacó que: “Su implementación requerirá un compromiso concertado y la generosa dedicación de cada uno. Deseo que sea dada, prosiguió Francisco, una atención a las poblaciones más vulnerables. Exhorto a toda la comunidad internacional a que siga en el camino tomado con el signo de una solidaridad que se vuelva siempre más activa”.

Hechos y no palabras incluso para aquellos que quieran tomar el camino de la conversión, basados en el Evangelio de Juan en el que se centró Bergoglio. Es un camino cuesta arriba pero hermoso, que no excluye a nadie, pues “se manifiesta en compromisos concretos con la justicia, la solidaridad y el amor al prójimo”, dijo el Papa. Pero, ¿qué se debe hacer para convertirse?

El Santo Padre utiliza las palabras de Juan el Bautista quien dijo a la multitud que debía compartir las necesidades básicas: “El que tenga dos túnicas debería compartir una con el que no la tiene, y el que tiene comida debe hacer lo mismo”. A los recaudadores de impuestos les pidió que no requieran más que la suma adeudada: el significado según el Santo Padre es claro: “no pedir sobornos”.

Finalmente, a los soldados, Juan les pidió que no extorsionen a nadie. Por lo tanto, para convertirse lo que se tiene que hacer es poner en práctica actitudes realmente cristianas, ser justos, solidarios y sobrios porque, continúa Francisco: “Dios no excluye a nadie de la posibilidad de salvarse. Él está, se puede usar esta palabra, “ansioso” de usar la misericordia hacia todos y acoger a cada uno en el tierno abrazo de la reconciliación y del perdón”.

El premio para quienes se convierten es el don de la alegría: “Hoy es necesario tener coraje para hablar con alegría, es necesario, sobre todo, tener fe. El mundo está asechado por tantos problemas que el futuro está lleno de incógnitas y temores; y mientras tanto el cristiano es una persona alegre y su alegría no es algo superficial y efímero, sino profunda y estable”.

Cecilia Sepia

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